El políglota universal
- Escenario Principal

- 24 oct 2022
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Pedro Aznar presentó “Flor y Raíz” en el teatro El Círculo de Rosario y anunció un nuevo
disco para noviembre.
Por Nazarena Delmasse Lalli - @Unpocoteresa - IG
Pedro Aznar y sus músicos volvieron a visitar Rosario la noche del viernes con “Flor y Raíz”, un álbum que retoma canciones del Folklore Latinoamericano con piezas de Argentina, Chile,Uruguay, Brasil, Perú, Cuba y México, más “Reverdece”, un tema propio. Violeta Parra, Chico Buarque, Chabuca Granda, Peteco Carabajal, Chavela Vargas y Ramón Ayala, entre otros, son los artistas que pudimos escuchar en voz de Aznar. Tampoco faltaron los clásicos de siempre como “Tu amor”, “Mientes”, y “A primera vista”; más algunas de las veinte canciones inéditas que entrarán en su nuevo disco, disponible en noviembre próximo.
Fotos: Mica Díaz - @imiccaa - IG
Tres apreciaciones sobre Pedro Aznar en general, y sobre este concierto en particular:
1. Nada es inocente
Aznar idea este disco como un homenaje a la música latinoamericana, seleccionando lo que él considera (y me atrevo a decir que todos aprobamos y coincidimos con esa selección) tesoros musicales y poéticos. Ahora bien, analizando las letras de las canciones elegidas podemos trazar hilos conductores. En “Flor y Raíz” no hay cuentos de princesas, mansiones de lujo, naciones imperialistas. No hay coronas, palacios, ni suelas de zapatos brillantes. Los protagonistas de este disco son una mujer avergonzada, un obrero desprotegido, un campesino que cosecha de sol a sol, un amante traicionado, un enamorado nostálgico, un luchador sin tregua y miserable. La historia de la música latinoamericana es, en Aznar, tierra, pies descalzos, frutos, paisaje, trabajo, queja, amor y penas.
2. Una denuncia contundente
Hasta aquí, todas las canciones habían sido interpretadas con los cuatro músicos (excelentes y precisos) que lo acompañaban. Pero de pronto el escenario se oscurece y, cuando vuelven las luces, Pedro está solo, en el medio, con su guitarra y la pantalla negra detrás.
Recita: “Vivimos en una época en que las corporaciones tienen más poder que los gobiernos. Un puñado de megamillonarios empuja al planeta a una ruina inhabitable, como si no hubiera otra opción. Y los medios de comunicación son manipulados para adormecernos y hacernos olvidar que, como ciudadanos, somos los protagonistas de la historia. Y que en nuestro trabajo y en los frutos de la generosa tierra reside la fuente de toda riqueza. Hoy la democracia, la dignidad humana, la vida misma están en peligro. La «Corpoland», la tierra al servicio del dinero sangriento, se tiene que acabar. Nuestra mejor herramienta, como siempre, es la conciencia”. La música también (y quizás, sobre todo) es un acto político.
3. Más allá del sonido
Recientemente descubrí que tengo un problema en mis oídos que hace que no pueda exponerme a altos decibeles por tiempos prolongados. Esto, para alguien que hace de la música y del arte en general, si no su profesión, al menos sí su objeto de estudio, es casi como recibir de improviso una amputación de ambos brazos.
Exagero un poco, ya que esto no me inhabilita a escuchar (y de hecho mis oídos funcionan bien, solo que con un nivel de sensibilidad mayor al usual), pero me obliga a utilizar tapones cada vez que voy a una fiesta o a un recital.
Cuento esto porque llegué un tanto frustrada al teatro, ya que inauguré mis tapones con este concierto y temía no poder disfrutarlo. Por suerte me equivoqué.
La conexión que Pedro Aznar tiene con su música, con su arte, con la letra de las canciones, trasciende cualquier tipo de barrera sonora. En su carácter de políglota universal hay algo que se juega en lo postural, en el color de la voz, en los gritos de emoción entre estrofas, en las arrugas al costado de sus ojos, en el paso atrás del micrófono que da para invitar a cantar al público, que se escucha (se siente) aunque no se escuche. El volumen poco importa.
Usé tapones casi todo el recital, con la excepción de los dos temas de yapa que cantó a pedido de “una más” del caluroso auditorio rosarino (que no perdía espacio de silencio para gritarle su grandeza y amor). Lejos de ver mermado su potencial, el cantautor hizo gala de sus dotes de multi instrumentista junto a Alejandro Oliva y Julián Semprini en percusión, Matías Martino en teclas y Sebastián Henríquez en guitarras.
Aznar tiene la capacidad (que debe ser innata, porque dudo mucho que algo así tenga escuela y pueda aprenderse) de enmudecer y explotar al público, sin escalas y solo con su presencia. Desde hacernos aplaudir y zapatear una chacarera, a habitar un silencio de sepulcro cuando canta a capella.
Pedro Aznar, impecable, es la batuta de las emociones.
































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